Credence

Actualizado: 10 ago
Si hay un libro de Penelope Douglas que genera opiniones completamente opuestas, ese es Credence. Esta novela autoconclusiva mezcla taboo romance, age gap, drama psicológico y una fuerte búsqueda de identidad, convirtiéndose en una lectura que constantemente pone a prueba los límites del lector.
La historia sigue a Tiernan de Haas, una joven que, tras crecer rodeada de privilegios materiales pero completamente privada del afecto familiar, termina viviendo en una apartada cabaña de montaña junto a su tío Jake y sus primos Noah y Caleb. Lo que comienza como un cambio de escenario termina convirtiéndose en un proceso de transformación personal donde el deseo, la convivencia y la necesidad de pertenecer cambian por completo su forma de ver la vida.
Uno de los aspectos que más disfruté de la novela fue precisamente la evolución de Tiernan. Al inicio es una protagonista distante, acostumbrada a la soledad y emocionalmente desconectada. Sin embargo, resulta muy interesante verla adaptarse —no sin dificultades— a una dinámica familiar completamente distinta a la que conocía. Poco a poco aprende a convivir, trabajar, confiar y encontrar algo que nunca había tenido: un verdadero sentido de pertenencia.
Y ese, para mí, es el verdadero corazón de la historia. Más allá del romance y de toda la polémica que rodea a la novela, Credence habla de una joven que intenta descubrir quién es cuando, por primera vez, siente que forma parte de una familia.
Cada uno de los protagonistas masculinos representa algo diferente dentro de ese proceso. Jake aporta una figura de autoridad compleja y ambigua; Noah es el más cálido, alegre y cercano desde el primer momento; mientras que Caleb se convierte en el personaje más enigmático de toda la novela.
Caleb fue, sin duda, quien más curiosidad despertó en mí. Su mutismo selectivo, combinado con una personalidad dominante, reservada e impredecible, hace que nunca sea fácil descifrarlo. Su presencia impone respeto e incluso, en varios momentos, llega a generar cierta intimidación. Esa mezcla de misterio y fuerza lo convierte en uno de los personajes más memorables del libro.
Sin embargo, si algo debo admitir es que mi corazón siempre estuvo del lado de Noah. Su forma de tratar a Tiernan, su personalidad optimista y la química que ambos desarrollan desde el principio hicieron que constantemente esperara que la historia tomara un rumbo diferente. Su relación me pareció la más natural y emocionalmente auténtica de las tres.
Como ocurre en prácticamente todas las novelas de Penelope Douglas, las escenas de mayor tensión romántica tienen un peso importante dentro de la narrativa. En mi caso, las que más impacto me generaron fueron el momento en que Jake y Tiernan cruzan definitivamente esa barrera que había existido entre ambos y, posteriormente, la intensa escena que involucra a Noah y Caleb tras el incendio. Son momentos que elevan considerablemente la intensidad emocional de la novela y que, sin duda, explican por qué Credence se ha convertido en uno de los títulos más comentados de la autora.
No obstante, donde sí siento que la novela pierde fuerza es en su desenlace. Después de construir una historia llena de tensión, conflictos emocionales y relaciones complejas, esperaba un cierre capaz de sorprenderme mucho más. En cambio, el final terminó resultándome bastante predecible y siguió un camino que ya había anticipado desde varios capítulos antes. No me pareció un mal cierre, pero sí uno que desaprovecha la oportunidad de dejar una impresión realmente memorable.
En definitiva, Credence es una novela que probablemente divida a sus lectores. Su principal fortaleza está en la construcción de la evolución emocional de Tiernan, en la atmósfera aislada de la montaña y en las distintas dinámicas que desarrolla con cada uno de sus protagonistas masculinos. Si disfrutas los romances oscuros que desafían las convenciones y no te incomodan las historias que juegan con temas polémicos, probablemente encuentres aquí una lectura absorbente.





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