Serie Legacy of Gods, Libro 6: God of War

Actualizado: 10 ago
Después de una saga que me hizo pasar por todo tipo de emociones, God of War llegó con la difícil tarea de cerrar Legacy of Gods. Narrada en primera persona, con doble POV y una estructura lineal, esta novela nos presenta la historia de Ava Nash y Eli King, desarrollándose dos años después de los acontecimientos de los libros anteriores.
Lamentablemente, y aunque tenía muchísimas expectativas por conocer el desenlace de la serie, este terminó siendo mi libro menos favorito de toda la saga.
La novela comienza con mucha fuerza. Desde las primeras páginas da la impresión de que nos espera una historia intensa, llena de conflictos y con un ritmo tan adictivo como el de los libros anteriores. Sin embargo, esa sensación dura muy poco. Conforme avanza la trama, el ritmo pierde fuerza y las primeras cien páginas terminaron haciéndose especialmente pesadas para mí. En varios momentos sentí que la historia se estancaba y me costó conectar emocionalmente con lo que estaba ocurriendo.
Aun así, hubo un aspecto que realmente consiguió llegarme, y fue el desarrollo de Ava Nash.
Su lucha por la salud mental me pareció uno de los elementos más valiosos de toda la novela. Ver cómo enfrenta sus propios conflictos internos y, sobre todo, cómo encuentra la valentía para reconocer que necesita ayuda fue uno de los mensajes más importantes del libro. Lo que más me gustó es que esa decisión no nace únicamente por salvar su relación con Eli, sino porque comprende que también merece sanar por ella misma, por su familia y por todas las metas que todavía desea alcanzar en la vida.
Ese crecimiento personal convierte a Ava en un personaje admirable. Rina Kent muestra que pedir ayuda no es una señal de debilidad, sino uno de los actos de mayor fortaleza que una persona puede realizar cuando reconoce que ya no puede seguir luchando sola.
Por otro lado, debo admitir que nunca terminé de conectar con la historia de amor entre Ava y Eli. A diferencia de otras parejas de Legacy of Gods, cuya química me mantuvo completamente atrapada desde el principio, aquí sentí que faltó esa intensidad emocional que caracteriza a la serie. La relación nunca consiguió involucrarme de la misma manera que lo hicieron Brandon y Nikolai, Jeremy y Cecily o incluso Landon y Mia.
Quizás ese fue el mayor problema para mí: después de novelas tan intensas y emocionalmente devastadoras como God of Fury, era inevitable llegar a este libro con expectativas muy altas. Desafortunadamente, God of War no logró igualar ese nivel de impacto.
Eso no significa que sea una mala historia. Simplemente considero que, dentro de una saga con protagonistas tan memorables y conflictos tan potentes, este cierre terminó sintiéndose menos emocionante que sus predecesores.
Aun así, agradezco que Rina Kent haya decidido dar protagonismo a un tema tan importante como la salud mental y la búsqueda de ayuda profesional. El viaje de Ava demuestra que sanar no ocurre de un día para otro, pero que dar el primer paso puede cambiar por completo el rumbo de una vida.
En definitiva, God of War fue una lectura que no logró conquistarme como esperaba. Aunque valoro el mensaje que transmite a través de Ava y el salto temporal que nos permite reencontrarnos con el universo de Legacy of Gods dos años después, nunca conseguí conectar realmente con el ritmo ni con la historia de amor de sus protagonistas.








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