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Serie Priest, Libro 1: Priest

Foto del escritor: Fuego Entre Libros
Fuego Entre Libros
11 ago
3 min de lectura


Tengo sentimientos bastante encontrados con Priest, porque partía de una premisa que tenía muchísimo potencial para explorar temas complejos como la fe, el deseo, la culpa y la contradicción entre la vocación religiosa y las necesidades personales, pero al terminarlo sentí que la historia no consiguió aprovechar completamente todo lo que tenía entre manos.

La novela sigue a Tyler Bell, un sacerdote católico, y Poppy Dawforth, una mujer que llega a su iglesia buscando reconectar con la religión y encontrar algo que le permita acercarse nuevamente a su espiritualidad.

Su relación comienza de una manera bastante particular: Poppy entra al confesionario y, desde ese primer encuentro, surge una atracción entre ambos que rápidamente pone a Tyler frente a un conflicto que será constante durante toda la historia.

Porque Tyler es sacerdote, sí. Pero también es un hombre.

Y creo que ahí está la parte que más me interesó de Priest: esa dualidad entre la persona que ha decidido dedicar su vida a la religión y la persona que continúa teniendo deseos, sentimientos y necesidades que no desaparecen simplemente por haber tomado los votos sacerdotales.

A través de Tyler vemos esa lucha constante entre aquello que considera que debería sentir y lo que realmente siente. Su atracción por Poppy entra directamente en conflicto con su vocación, sus creencias y las promesas que hizo, provocándole culpa, remordimiento y muchísimos sentimientos encontrados.

Y esto abre una conversación que me pareció mucho más interesante que el romance en sí.

Los sacerdotes católicos están sujetos a una serie de expectativas, normas, tabúes y prejuicios que muchas veces parecen olvidar que detrás de la figura religiosa continúa existiendo una persona. Una persona que siente, desea, duda, se equivoca y puede cuestionarse las decisiones que ha tomado para su vida.

Por otro lado, también tenemos a Poppy y su propia búsqueda espiritual. Ella no llega a la iglesia simplemente porque sí, sino intentando encontrar una conexión con la religión, y termina encontrándose con una persona que, paradójicamente, está comenzando a cuestionar su propia relación con ella.

Sobre el papel, todo esto tenía los ingredientes para convertirse en una historia que me fascinara.

En la práctica… no tanto.

La trama como tal me pareció bastante sencilla y hubo momentos en los que directamente sentí que me aburría. Esperaba que los conflictos internos de Tyler y las preguntas alrededor de la religión, el celibato, la culpa y el deseo tuvieran todavía más profundidad, porque eran precisamente los elementos que podían hacer que esta historia fuera mucho más que un romance prohibido.

Y después está el spice.

Obviamente, entrar a un libro llamado Priest, cuya premisa gira alrededor de la relación prohibida entre un sacerdote y una feligresa, genera ciertas expectativas. Hay bastante contenido spicy y el componente tabú está muy presente, pero incluso así sentí que se le podría haber sacado muchísimo más provecho. No necesariamente agregando más escenas, sino haciendo que la tensión, el deseo contenido y todo aquello que estaba prohibido entre ellos tuviera todavía más impacto.

Para mí, ese era justamente el mayor atractivo de la historia y nunca terminó de explotar como esperaba.

Priest terminó siendo uno de esos libros en los que disfruté mucho más las preguntas que plantea que la historia que utiliza para plantearlas. La contradicción entre fe y deseo, la culpa asociada a sentir aquello que supuestamente no deberías sentir y la humanidad detrás de una figura religiosa me parecieron temas muy interesantes.

Pero como romance y como historia en general, me faltó algo.

Tenía todos los ingredientes para ser una lectura intensa, provocadora y difícil de soltar, pero al final me provocó más reflexión que emoción y, por momentos, incluso un poco de aburrimiento.



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