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Serie Legacy of Gods, Libro 2: God of Pain

Foto del escritor: Fuego Entre Libros
Fuego Entre Libros
5 ago
3 min de lectura

Actualizado: 10 ago



Después de God of Malice, Rina Kent continúa expandiendo el universo de Legacy of Gods con God of Pain, una novela narrada en primera persona, doble POV y con una estructura lineal, protagonizada por Creighton King y Annika Volkov.

Aunque cada libro de la saga puede disfrutarse de forma independiente, considero que es muy recomendable leer primero God of Malice. No solo porque permite comprender mejor la dinámica entre las familias King y Volkov, sino también porque muchas de las relaciones y conflictos adquieren un significado mucho más profundo cuando ya conocemos el contexto en el que se desarrolla la historia.

El protagonista masculino es Creighton King, hermano de Eli King e hijo adoptivo de la familia King. Desde el comienzo queda claro que toda su vida gira alrededor de un único objetivo: descubrir quién asesinó a sus padres biológicos y cobrar la venganza que lleva años alimentando. Esa búsqueda define prácticamente todas sus decisiones.

Creighton es un hombre reservado, silencioso y de pocas palabras. Sin embargo, detrás de esa fachada fría existe una lealtad inquebrantable hacia la familia que lo acogió y un profundo sentido de protección hacia quienes ama. Precisamente esa combinación entre fortaleza, vulnerabilidad y fidelidad es lo que, en mi opinión, lo convierte en uno de los personajes más queridos de toda la serie. No necesita grandes discursos para demostrar quién es; sus acciones hablan constantemente por él.

Frente a él encontramos a Annika Volkov, una protagonista que aporta luz a una historia marcada por la oscuridad. Como hermana de Jeremy Volkov, heredero de uno de los cargos de mayor importancia dentro de la Bratva de Nueva York, Annika ha crecido rodeada del poder de la mafia, pero conserva una personalidad completamente distinta a la de quienes la rodean.

Es intensa, espontánea, alegre y tiene una personalidad imposible de ignorar. Su amor por el color morado y su sueño de convertirse en bailarina hacen que destaque inmediatamente dentro del universo de Rina Kent, donde abundan personajes mucho más sombríos. Esa diferencia crea un contraste precioso con Creighton y demuestra que, muchas veces, las parejas más memorables son aquellas cuyos mundos parecen incompatibles.

Uno de los aspectos que más disfruté fue el ritmo de la novela. La historia avanza con rapidez y mantiene la tensión prácticamente desde el inicio. Pero cuando parece que todo está encaminado, Rina Kent introduce un giro argumental que cambia por completo el panorama. A partir de ese momento, las decisiones dejan de girar únicamente alrededor de la venganza y comienzan a poner a prueba algo mucho más complejo: las lealtades.

La autora consigue enfrentar de una forma muy interesante el amor hacia la familia con el amor hacia la pareja, obligando a los personajes a cuestionar hasta dónde están dispuestos a llegar por quienes consideran su verdadero hogar. Ese conflicto emocional aporta una profundidad que convierte a God of Pain en una de las entregas más sólidas de la saga.

En cuanto al romance, la química entre Creighton y Annika evoluciona de manera muy natural y deja escenas que todavía recuerdo con muchísimo cariño. Entre mis favoritas se encuentra su primer beso bajo la lluvia, un momento cargado de emoción que resume perfectamente la tensión acumulada entre ambos. También disfruté especialmente la primera vez que están juntos, por la carga emocional que acompaña la escena, y el encuentro en la isla antes de la llegada del padre de Annika, donde ambos pueden mostrarse vulnerables lejos de todas las obligaciones que los persiguen.

Sin embargo, si tuviera que elegir una escena que resume por completo la esencia de Creighton, sería aquella en la que, completamente indignado, le pregunta a Annika qué tiene de malo él para que ni siquiera pueda ser su novio falso. Es un momento que mezcla humor, inseguridad y ternura de una manera inesperada, mostrando una faceta mucho más humana de un personaje que normalmente esconde todo lo que siente.

Y, por supuesto, no puedo terminar esta reseña sin mencionar a Tiger. Ese gato terminó robándose una parte importante de mi corazón. Cada una de sus apariciones aporta un toque de calidez y humor a una historia cargada de tensión, por lo que me dio mucha pena que la serie no profundizara más en él. Sin duda, merecía mucho más protagonismo.




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