¿Un sello editorial hace que un autor tenga más valor?


Durante mucho tiempo, publicar un libro estuvo estrechamente relacionado con conseguir que una editorial apostara por él. El sello en la portada funcionaba no solo como una vía para llegar a las librerías, sino también como una especie de validación: alguien había leído ese manuscrito, lo había seleccionado y había decidido invertir en convertirlo en un libro.
Pero el panorama editorial ha cambiado.
Hoy cada vez más autores eligen la autopublicación como camino para llevar sus historias hasta los lectores. Y, aun así, alrededor de la palabra autopublicado continúa existiendo cierto prejuicio.
Entonces vale la pena preguntarnos: ¿un autor autopublicado tiene menos valor que uno publicado por una editorial?
Publicar con una editorial no otorga talento
Una editorial ofrece algo muy importante: una estructura profesional.
Detrás de un libro pueden intervenir editores, correctores, diseñadores, maquetadores, especialistas en marketing y muchas otras personas que ayudan a transformar un manuscrito en el producto que finalmente llega a nuestras manos.
Ese proceso tiene valor y no deberíamos minimizarlo.
Sin embargo, ser seleccionado por una editorial no convierte automáticamente una historia en una gran historia, de la misma manera que un sello editorial en la portada no garantiza que todos los lectores vayan a disfrutarla.
Publicación, calidad y gusto personal no son exactamente lo mismo.
Autopublicar tampoco significa hacerlo todo solo
Aquí encontramos quizá uno de los mayores prejuicios alrededor de la publicación independiente.
Autopublicar no tiene por qué significar terminar un manuscrito y publicarlo inmediatamente sin ningún tipo de revisión.
Un autor independiente puede construir su propio equipo y trabajar con lectores editoriales, beta readers, correctores, diseñadores, ilustradores o maquetadores antes de que su obra llegue al público.
La diferencia es importante: en lugar de recibir una estructura editorial ya establecida, el propio autor debe construir y gestionar buena parte de ese proceso.
Y eso también implica una enorme responsabilidad.
Porque elegir la autopublicación no debería significar renunciar a revisar, cuestionar y mejorar una obra antes de ponerla en manos del lector.
Autopublicación y falta de profesionalización no son sinónimos
Por supuesto que existen libros autopublicados que podrían haberse beneficiado de una revisión más profunda. Negarlo tampoco ayudaría a los autores independientes.
Pero también existen libros publicados tradicionalmente que no conectan con nosotros, cuyas decisiones narrativas cuestionamos o que simplemente no nos parecen buenos.
Por eso quizá el problema aparece cuando utilizamos el modelo de publicación como una medida automática de calidad.
Un libro independiente puede atravesar un proceso profesional riguroso. Y un autor puede tomarse su obra muy en serio sin tener el nombre de una gran editorial impreso en la portada.
Entonces, ¿quién decide cuánto vale un autor?
Quizá deberíamos empezar por separar validación editorial, profesionalización y valor creativo.
Conseguir una editorial puede ser un logro enorme para un escritor. Elegir conscientemente la autopublicación también puede serlo. Son caminos diferentes, con ventajas, dificultades y responsabilidades distintas.
Pero ninguno debería determinar por sí solo cuánto talento tiene una persona o cuánto merece ser leída.
Al final, cuando el lector abre el libro, el sello editorial deja de ser el protagonista.
Quedan la historia, los personajes, las palabras y todo aquello que esa obra consiga hacerle sentir.
Y quizá esa sea la pregunta más interesante:
¿Saber que un libro es autopublicado cambia tu percepción sobre él antes incluso de leer la primera página?






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