¿Elitismo literario? ¿Hay géneros “mejores” que otros?


¿Leer a Shakespeare te convierte automáticamente en un lector más culto que alguien que lee spicy romance?
Dentro de la comunidad lectora existe una tendencia que siempre me ha llamado la atención: nuestra necesidad de jerarquizar lo que leemos.
Hay libros que parecen pertenecer a la categoría de la “literatura de verdad” y otros que, aparentemente, tenemos que justificar por qué los disfrutamos.
Clásicos. Romance. Fantasía. Terror. Thriller. Dark romance. Spicy romance.
¿Realmente necesitamos decidir cuál merece estar por encima de los demás?
Cuando tus lecturas parecen necesitar una justificación
Yo leo muchísimo spicy romance.
Y no saben la cantidad de veces que he escuchado comentarios como:
“Eso es pornografía”.
“¿Pero tú lees esas cosas?”
“Deberías leer literatura de verdad”.
Y detrás de esas frases encuentro una pregunta mucho más interesante: ¿quién decide qué lectura es lo suficientemente digna para ser considerada valiosa?
Por supuesto que existen obras con una enorme relevancia histórica, cultural y literaria. Shakespeare, siguiendo con el ejemplo, ha tenido una influencia indiscutible en la literatura y su obra continúa siendo estudiada siglos después.
Reconocerlo no implica que tengamos que colocar todas las demás lecturas en un escalón inferior.
Mucho menos significa que haber leído determinadas obras otorgue automáticamente una especie de superioridad intelectual frente a quien prefiere una novela romántica.
Porque aquí quizás estamos confundiendo dos conversaciones diferentes.
Podemos hablar de la calidad, complejidad, influencia o importancia histórica de una obra sin convertir esas diferencias en una jerarquía entre sus lectores.
El prejuicio aumenta cuando hablamos de dark romance
Si con el spicy romance aparecen prejuicios, con el dark romance la conversación puede ponerse todavía más interesante.
Cuando digo que leo dark romance y comienzo a explicar algunas de las situaciones que pueden aparecer en estas historias…
Las caras son un poema.
Después llegan las preguntas:
“¿Cómo puedes leer eso?”
“¿Por qué te gusta algo así?”
O, incluso, insinuaciones de que disfrutar determinadas ficciones dice algo preocupante sobre quien las consume.
Y aquí creo que necesitamos hacer una distinción fundamental:
leer sobre algo no significa querer vivirlo.
La ficción nos permite acercarnos a situaciones, fantasías, conflictos y comportamientos que jamás aceptaríamos en nuestra vida cotidiana.
Un lector puede disfrutar de una dinámica tóxica dentro de una novela y reconocer perfectamente que sería inadmisible en una relación real. Puede interesarse por un villano sin querer conocer a alguien como él. Puede leer sobre violencia, obsesión, crimen o relaciones moralmente cuestionables sin defender ninguna de esas conductas fuera de las páginas.
Fantasía y realidad no son lo mismo.
Eso no significa que los géneros estén exentos de crítica. Podemos debatir cómo representan determinados temas, cuestionar decisiones narrativas, hablar sobre límites, advertencias de contenido o sobre la responsabilidad con la que se abordan ciertos conflictos.
Pero analizar una obra es muy diferente de juzgar moralmente a quien decide leerla.
No todos abrimos un libro buscando lo mismo
Creo que buena parte del problema aparece cuando asumimos que una lectura necesita proporcionarnos una experiencia intelectualmente trascendental para tener valor.
Pero ¿por qué?
Los libros pueden cumplir muchísimas funciones.
Hay historias que nos hacen reflexionar sobre temas que nunca habíamos considerado. Algunas nos permiten conocer otras épocas, sociedades o experiencias. Otras nos acercan a situaciones incómodas desde la seguridad de la ficción.
Hay libros que nos rompen el corazón.
Otros que nos hacen reír.
Otros que simplemente nos permiten desconectarnos durante unas horas.
Y sí…
otros nos ponen calientes.
¿Y qué?
¿Por qué una de esas experiencias tendría que ser inherentemente más válida que las demás?
Yo tampoco leo siempre por la misma razón
A veces quiero analizar.
A veces quiero aprender.
A veces quiero encontrar una historia compleja que me deje pensando durante tres días.
Y otras veces quiero abrir un romance, obsesionarme completamente con dos personajes y disfrutar de 400 páginas de tensión sexual mientras espero que finalmente pase algo entre ellos.
Una experiencia no invalida la otra.
De hecho, creo que una de las cosas más bonitas de ser lector es precisamente poder movernos entre ellas.
Hoy puedo querer una historia que me confronte con preguntas incómodas y mañana necesitar un libro ligero que simplemente me haga feliz.
Ninguna de esas decisiones determina cuánto sé, qué tan inteligente soy o cuánto “merecimiento” tengo para llamarme lectora.
¿Todos los libros tienen el mismo valor literario?
No necesariamente.
Y creo que reconocerlo también es importante.
No todas las obras tienen la misma complejidad narrativa, innovación, calidad técnica, influencia cultural o relevancia histórica. Podemos estudiar esos elementos, compararlos e incluso discutir cuáles obras consideramos mejores construidas que otras.
El problema comienza cuando trasladamos esa valoración de los libros hacia las personas que los leen.
Decir “considero que esta obra tiene mayor complejidad literaria que esta otra” abre una conversación.
Decir “yo leo literatura de verdad y tú no” la cierra.
Porque ya no estamos hablando de libros.
Estamos utilizando nuestras lecturas como una forma de establecer quién pertenece arriba y quién abajo.
Y ahí es donde, para mí, aparece el elitismo literario.
Quizás deberíamos dejar de competir por quién lee “mejor”
Clásicos.
Fantasía.
Romance.
Terror.
Dark romance.
Spicy romance.
Thriller.
Lee lo que quieras.
Podemos debatir un libro. Podemos criticar un género. Podemos señalar sus problemas, hablar de sus límites y discutir las cosas que creemos que podría hacer mejor.
Todo eso forma parte de ser lectores.
Pero ridiculizar a una persona por aquello que disfruta leyendo es otra cosa.
No necesito abandonar el spicy romance y comenzar a leer “literatura de verdad”.
Ya estoy leyendo literatura.
Quizás tú y yo busquemos cosas completamente diferentes cuando abrimos un libro. Quizás nunca coincidamos en nuestros géneros favoritos. Incluso puede que detestes un libro que yo haya calificado con cinco estrellas.
Y está bien.
Porque mientras sigamos encontrando historias que despierten nuestra curiosidad, nos emocionen, nos incomoden, nos enseñen algo, nos hagan escapar durante unas horas o simplemente nos den ganas de pasar a la siguiente página…
estamos del mismo lado: somos lectores.






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