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¿Hay una estética correcta para ser lector?

Foto del escritor: Fuego Entre Libros
Fuego Entre Libros
hace 6 días
4 min de lectura




Tengo una pregunta:

¿En qué momento para ser lector empezamos a necesitar una biblioteca perfectamente organizada, ediciones especiales, velitas, luces cálidas y una taza divina al lado del libro?


Entras a BookTok o Bookstagram y probablemente no tardes demasiado en encontrarte con espacios de lectura que parecen sacados directamente de Pinterest: bibliotecas enormes, cientos de libros perfectamente organizados, sillones preciosos, luces cálidas, plantas, velas y colecciones enteras de ediciones especiales.

Y sí, son hermosos.

El problema aparece cuando dejamos de verlos simplemente como contenido bonito y empezamos a pensar que eso es lo que debería parecer ser lector.

Porque la lectura no es una estética.


A mí también me gustan las cosas bonitas

Antes de que alguien piense que estoy declarando la guerra a las ediciones especiales, aclaremos algo:

Me encantan.

Si un libro tiene cantos pintados, tapa dura, ilustraciones preciosas y además viene dentro de una caja espectacular…

obviamente lo quiero.

No vamos a mentirnos.

También me encantan las bibliotecas bonitas y esos espacios cozy que parecen diseñados específicamente para pasar una tarde leyendo mientras afuera llueve.

Si tienes la posibilidad de crear un lugar así y te hace feliz, disfrútalo.

El problema no está en tener esas cosas.

El problema comienza cuando sentimos que necesitamos tenerlas para pertenecer a la comunidad lectora.

No necesitas una habitación exclusivamente dedicada a tus libros.

No necesitas una biblioteca que ocupe una pared completa.

No necesitas tres ediciones diferentes de tu novela favorita.

Y definitivamente no necesitas gastar más de lo que puedes permitirte para construir una estética de lector.


BookTok y Bookstagram también son escaparates

Hay algo que resulta muy fácil olvidar cuando pasamos mucho tiempo consumiendo contenido literario en redes sociales:

BookTok y Bookstagram siguen siendo redes sociales.

Lo que vemos está pensado para ser visto.

Muchas fotografías y videos tienen iluminación preparada, decoración, composición, edición y objetos colocados específicamente porque hacen que el contenido resulte más atractivo.

Y no hay absolutamente nada malo en ello.

Crear contenido también implica construir una imagen visual, especialmente cuando hablamos de plataformas en las que tenemos apenas unos segundos para conseguir que alguien se detenga a mirar.

Pero necesitamos recordar que estamos viendo una selección de la realidad.

Esa biblioteca perfectamente ordenada que aparece durante quince segundos en un reel no representa necesariamente cómo luce ese espacio las veinticuatro horas del día.

Y, sobre todo, la escenografía del contenido literario no debería confundirse con el amor por la lectura.


Puedes amar los libros sin vivir dentro de Pinterest

Puedes tener 500 libros perfectamente ordenados por colores.

O puedes tener 15 acomodados como puedas en una repisa.

Puedes leer una edición especial costosa.

O puedes disfrutar exactamente la misma historia en un libro usado que encontraste por dos.

Puedes tener una habitación de lectura con un sillón precioso, luces cálidas y una colección de velas.

O puedes estar acostada en la cama leyendo en el Kindle y terminar dejando que se te caiga en la cara porque te estabas quedando dormida.

Sigues siendo lector.

Porque ninguna de esas cosas modifica aquello que realmente está ocurriendo: hay una historia delante de ti y quieres descubrir qué sucede en la siguiente página.


Cuando leer también empieza a convertirse en consumir

Y aquí creo que aparece otra conversación interesante.

Las redes no solamente pueden mostrarnos una determinada estética de lector. También pueden hacernos sentir que siempre nos falta algo para completarla.

Una biblioteca más grande.

Una edición más bonita.

El nuevo lanzamiento.

La colección completa.

Un carrito para organizar libros.

Una lámpara específica.

Otra edición de una historia que ya tenemos.

Y nuevamente: comprar cualquiera de esas cosas porque nos hace ilusión no tiene nada de malo. Coleccionar libros puede ser un hobby en sí mismo y perfectamente puede convivir con el placer de leer.

El problema aparece cuando dejamos de pensar “qué bonito, me encantaría tenerlo” y empezamos a sentir:

“Necesito esto para que mi espacio, mi colección o yo misma parezcamos suficientemente lectores”.

Porque entonces ya no estamos comprando únicamente un objeto.

Estamos intentando comprar una sensación de pertenencia.

Y pertenecer a la comunidad lectora debería ser muchísimo más sencillo que eso.


¿Cuál es la estética que realmente necesitan tus libros?

Ahora sí, vamos con mis verdaderas exigencias estéticas.

¿Sabes qué necesitan tus libros?

Que no tengan humedad.

Que no acumulen una cantidad absurda de polvo.

Que no reciban sol directo constantemente hasta terminar decolorados.

Que estén almacenados de una manera que no los dañe.

Y que estén seguros.

Fin.

Esas son mis exigencias. 😂

Todo lo demás puede ser precioso, divertido y una forma maravillosa de expresar cuánto nos gusta este mundo.

Pero sigue siendo un extra.


Coleccionar libros y amar leer no son exactamente lo mismo

Creo que también podemos aceptar que alrededor de los libros existen diferentes aficiones que muchas veces se mezclan.

Hay personas a las que les encanta leer.

Hay personas a las que les encanta coleccionar libros.

Hay quienes disfrutan buscando ediciones especiales.

Otros aman organizar bibliotecas.

Algunos coleccionan merchandising de sus historias favoritas.

Y muchas personas disfrutan de varias de esas cosas al mismo tiempo.

Ninguna necesita convertirse en requisito para las demás.

Tener una biblioteca espectacular puede demostrar que disfrutas muchísimo construyendo tu colección.

Tener ediciones especiales puede demostrar que te encanta coleccionar ediciones especiales.

Pero ninguna de esas cosas determina cuánto amas leer.


La lectura no es una estética

Creo que necesitamos recordarlo especialmente cuando abrimos las redes sociales y empezamos, casi sin darnos cuenta, a comparar nuestros espacios con los de otras personas.

Tu biblioteca no tiene que parecerse a la de un creador de contenido.

Tu colección no necesita tener cientos de libros.

Tus ediciones no tienen que ser especiales.

Tu espacio de lectura no necesita ser fotografiable.

Y tus hábitos tampoco tienen que verse bonitos en cámara.

No necesitas comprar una imagen para demostrar que perteneces aquí.

Puedes amar todo lo aesthetic. Puedes llenar tu casa de libros, velas y ediciones preciosas si eso te hace feliz.

Pero también puedes no tener absolutamente nada de eso.

Porque al final, para ser lector necesitas algo mucho más sencillo:

una historia que quieras leer y ganas de abrirla.

Eso basta.




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